El empleo sigue siendo uno de los temas más urgentes del país, no solo por su impacto en la economía, sino por lo que significa para la estabilidad de las familias panameñas. La propia percepción ciudadana lo confirma: conseguir trabajo continúa entre las principales preocupaciones nacionales.
Los datos son claros. Panamá registra una tasa de desempleo de 10.4% y cerca de 785 mil personas en la informalidad —prácticamente 1 de cada 2 trabajadores. Más que cifras, esto define la magnitud del desafío y la urgencia de actuar con enfoque.
La evidencia también es clara en otro punto: el empleo no se genera en el vacío. Depende directamente del dinamismo de los sectores productivos. La construcción, el Canal, la minería, el turismo y el comercio siguen siendo los principales motores de ocupación. Cuando estos sectores avanzan, el empleo crece; cuando se frenan, el empleo se resiente.
Por eso, hablar de empleo es hablar de inversión, de ejecución y de crecimiento del sector privado. No hay empleo sostenible sin empresas que inviertan, operen y se expandan. Dinamizar la economía es, en la práctica, la política más efectiva de generación de empleo.
Sin embargo, dentro de este reto general hay un foco crítico: jóvenes y mujeres enfrentan mayores barreras para acceder al empleo formal. La falta de experiencia y las brechas estructurales siguen limitando su inserción. El problema no es solo la falta de empleo, sino la dificultad de acceder a él.
Ahí es donde las soluciones deben ser más precisas. No basta con generar plazas; hay que habilitar el acceso. La Ley de Pasantías apunta en la dirección correcta porque ataca directamente esa brecha: conecta la formación con la experiencia laboral real. Su valor está en transformar la primera oportunidad en una puerta de entrada, no en un obstáculo.
Pero su éxito no está garantizado por la ley en sí misma, sino por su ejecución. Requiere compromiso empresarial y una coordinación efectiva con el Ministerio de Trabajo. Desde la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá estamos asumiendo ese rol: impulsar su implementación, promover buenas prácticas y convertir esta herramienta en oportunidades reales. Ya estamos trabajando activamente en ello.
Panamá enfrenta un reto laboral importante, pero también tiene las bases para superarlo. La ruta es clara: fortalecer los sectores productivos, incentivar la inversión y crear mecanismos efectivos de inserción laboral.
La clave ahora es ejecución. El empleo formal no se resuelve con medidas aisladas, sino con acciones coordinadas que conviertan el crecimiento económico en oportunidades concretas.
Ese es el desafío. Y también es el camino.

