La enfermedad de Crohn, una patología inflamatoria intestinal crónica, continúa impactando la calidad de vida de miles de personas en la región, especialmente durante los períodos de brote, cuando síntomas como dolor abdominal, diarrea persistente, fatiga y pérdida de peso se intensifican. Aunque su causa exacta sigue sin definirse, especialistas coinciden en que la alimentación juega un papel clave en el control de los síntomas, junto con factores genéticos, inmunológicos y ambientales.
De acuerdo con expertos en gastroenterología y nutrición, no existe una dieta única que funcione para todos los pacientes con Crohn, pero sí se ha identificado que ciertos alimentos pueden agravar la inflamación intestinal y detonar molestias digestivas. Ajustar la dieta, siempre bajo supervisión médica, puede ayudar a reducir la frecuencia e intensidad de los brotes.
1. Carnes rojas, procesadas y grasas. La carne de res y cerdo, así como los embutidos, pueden empeorar los síntomas debido a su contenido de grasas saturadas e inflamatorias. Los especialistas recomiendan optar por proteínas más fáciles de digerir, como pescado, pollo magro o fuentes alternativas con grasas saludables, que generan menor irritación intestinal.
2. Lácteos con lactosa. La inflamación del intestino dificulta la digestión de la lactosa, provocando hinchazón, gases y diarrea. Muchas personas con Crohn toleran mejor productos bajos en lactosa, como yogur, kéfir o quesos duros, o sustitutos vegetales fortificados con calcio y vitamina D.
3. Alimentos ricos en grasas y frituras. Las comidas fritas y aquellas con exceso de mantequilla, crema o aceites suelen absorberse mal en el intestino delgado, lo que intensifica el malestar digestivo. En su lugar, se aconseja priorizar grasas saludables, como aceite de oliva, aguacate, pescados grasos y alimentos ricos en omega 3, conocidos por su efecto antiinflamatorio.
4. Alimentos ricos en fibra insoluble, nueces y semillas enteras. Durante los brotes, productos como granos integrales, frutas y vegetales con cáscara, semillas intactas y frutos secos crudos pueden resultar difíciles de digerir. Cocinar los vegetales, hacer purés o batidos, y elegir mantequillas de frutos secos o semillas molidas puede facilitar su tolerancia sin perder valor nutricional.
5. Comidas picantes, alcohol, cafeína y azúcares añadidos. Los alimentos muy condimentados, el café, las bebidas energéticas, el alcohol y el exceso de azúcar añadido se asocian con un aumento de la inflamación intestinal. Reducir estos productos y priorizar agua, batidos naturales y comidas poco procesadas puede contribuir a un mejor control de la enfermedad y a una mayor estabilidad digestiva.
Si bien la enfermedad de Crohn no tiene cura, especialistas coinciden en que una alimentación personalizada, acompañada de seguimiento médico y nutricional, puede marcar una diferencia significativa en el control de los síntomas y en la calidad de vida de quienes la padecen. Identificar los alimentos desencadenantes, escuchar al cuerpo y realizar ajustes oportunos en la dieta permite a muchos pacientes reducir los brotes y mantener una mayor estabilidad digestiva a largo plazo.

