Nuevos análisis de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierten sobre una alta probabilidad de que en las próximas semanas se inicie una nueva fase del fenómeno de El Niño, un escenario que mantiene en alerta al sector agrícola por su potencial impacto en la producción de alimentos a nivel mundial.
Los expertos del organismo elaboraron mapas detallados que identifican las regiones con mayor riesgo de sufrir sequías asociadas a El Niño, una herramienta que permitirá anticipar los efectos sobre los cultivos y los pastizales, facilitando la planificación de medidas de mitigación y respuesta por parte de los países afectados.
Mientras que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) pronostica un ciclo más intenso de lo habitual, el análisis de la FAO se basa en 41 años de imágenes satelitales históricas de su Sistema de Índice de Estrés Agrícola (ASIS , por sus siglas en inglés), para rastrear dónde los eventos fuertes y muy fuertes de la Oscilación del Sur de El Niño (ENSO, por sus siglas en inglés) tienden a causar la sequía más severa.
Los riesgos son más agudos en el Sahel, en todo el sur de África, en el sur y sureste de Asia, y en el Corredor Seco de Centroamérica y el Caribe, donde algunas zonas agrícolas y de pastoreo se enfrentan a una probabilidad superior al 50% de sufrir sequía en los próximos meses.
En el caso de Centroamérica, el riesgo de sequía puede traducirse rápidamente en hambre. El fenómeno de El Niño de 2015-2016 dejó a 3,5 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria en el Corredor Seco de Centroamérica, mientras que en Haití las cosechas se redujeron hasta en un 70 %, duplicando la inseguridad alimentaria en cuestión de meses. Los pronósticos actuales indican una probabilidad del 70 % de precipitaciones inferiores a lo normal en toda la región. El riesgo de sequía agrícola es mayor a lo largo del Corredor Seco, Colombia y Venezuela, así como en Cuba, la República Dominicana y Haití.
Los ciclos de El Niño exponen las mismas vulnerabilidades y suelen provocar malas cosechas, pérdidas de ganado, aumento de la deuda familiar y migraciones en busca de alimentos y agua. Tan solo en 2015-16, El Niño afectó a más de 60 millones de personas y generó llamamientos humanitarios por valor de 5.000 millones de dólares en 23 países.
Los riesgos ahora se inclinan al alza, ya que los fenómenos climáticos extremos chocan cada vez más con los conflictos y las dificultades económicas. “Esto no se parece a los anteriores fenómenos de El Niño. El planeta está mucho más cálido hoy en día, y con los conflictos y la inseguridad alimentaria generalizados, esta nueva fase afectará con mayor dureza a los lugares que ya son vulnerables y tienen una capacidad de adaptación limitada”, declaró Jorge Alvar-Beltrán, funcionario de Recursos Naturales de la FAO.
El mapa resalta los objetivos prioritarios para la acción temprana antes de que las previsiones se conviertan en pérdidas. En respuesta a la creciente amenaza, la FAO y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) han lanzado un llamamiento conjunto para la acción preventiva, solicitando 202 millones de dólares para proteger a 8,8 millones de personas en 22 países de alto riesgo ante el posible impacto de un fuerte fenómeno meteorológico de El Niño. El llamamiento busca ampliar las intervenciones tempranas, incluyendo el apoyo a agricultores y pastores, la asistencia monetaria preventiva y el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, antes de que las sequías, inundaciones y tormentas se conviertan en emergencias humanitarias.
El riesgo rara vez se limita a la escasez de lluvias. Una sequía moderada puede ser devastadora en lugares que ya sufren conflictos y hambre crónica, donde los cultivos dependen por completo de la lluvia, el ganado representa gran parte del patrimonio familiar y las familias tienen poco margen de recuperación. Se prevé que más del 80 % de los impactos de la sequía en la agricultura se produzcan en países de ingresos bajos y medios. “Un agricultor podría perder primero sus cultivos, luego su ganado y, con ello, todo su sustento”, afirmó Alvar-Beltrán. “Con los efectos en cascada de múltiples crisis ya evidentes, es urgente actuar con prontitud”.
Algunos de los países identificados como altamente expuestos a las perturbaciones vinculadas a El Niño también figuran de manera destacada en el último análisis de la FAO y el PMA sobre los puntos críticos del hambre , lo que subraya cómo las perturbaciones climáticas interactúan cada vez más con los conflictos y el estrés económico, exacerbando aún más la inseguridad alimentaria aguda.

