De la ingeniería nuclear a una heladería artesanal en Colón: así nació Arte Helado

Lo que para muchos habría sido simplemente una vitrina llena de helados, para ella fue el inicio de una idea que tardó años en hacerse realidad. Hace 20 años, durante una visita a una heladería, Nadja Benson quedó fascinada observando las texturas, sabores y colores exhibidos detrás del vidrio. Mientras cualquiera hubiera pensado en cuál probar primero, ella tuvo una reacción distinta: quiso aprender a hacerlos. Así nació, en silencio, la semilla de lo que hoy es Arte Helado, en la provincia de Colón, una heladería artesanal que comenzó como un sueño guardado y busca abrirse espacio en el mercado local.

Ese impulso inicial la llevó tiempo después hasta Argentina, donde encontró la oportunidad de tomar un curso especializado en heladería. Fueron apenas unas semanas de formación, suficientes para aprender las bases técnicas de un oficio que mezcla precisión, paciencia y creatividad. La capacitación fue financiada con sus propios ingresos, una inversión personal que en ese momento parecía pequeña frente a todo lo que vendría después.

De regreso a Panamá, Benson retomó su profesión principal como ingeniera, especializada en seguridad nuclear, pero sin dejar atrás la idea de emprender. Durante más de una década mantuvo vivo el proyecto mientras trabajaba y ahorraba para adquirir la maquinaria necesaria. No fue hasta 2015 cuando pudo comprar su primera máquina para fabricar helados y comenzar a hacer pruebas en casa, compartiendo sus primeras recetas con familiares y amigos, quienes se convirtieron en sus primeros jueces y promotores.

Tres años después encontró el primer local en Parque Sucre, en calle 7 de Santa Isabel, donde abrió formalmente la primera versión de Arte Helado. Sin embargo, la llegada de la pandemia alteró por completo el rumbo del negocio. Aunque por tratarse de alimentos no estaba obligada a cerrar, el contexto económico redujo drásticamente la demanda. “La gente buscaba comida, no postres”, recuerda aquella etapa marcada por restricciones, baja circulación y un consumidor mucho más cauteloso con sus gastos.

El cierre fue inevitable, pero el proyecto no desapareció. Durante tres años mantuvo almacenada toda la maquinaria en un depósito alquilado, pagando por conservar un negocio que todavía no sabía si volvería a abrir. Incluso intentó vender los equipos, sin éxito. La oportunidad reapareció cuando vio un local disponible en Calle 1 avenida Central, Edificio Crown Center el lugar donde siempre había imaginado instalar su heladería. La decisión fue inmediata: volver a empezar.

Para la apertura de un heladería, cuenta Benson, se requiere un inversión cercana a los 25 mil dólares, incluyendo maquinaria, adecuaciones al local, trabajos eléctricos indispensables para sostener vitrinas, congeladores y sistemas de conservación. Parte del equipamiento principal, como la vitrina italiana de exhibición, fue adquirida de segunda mano, pero sigue siendo una de las piezas más valiosas del negocio por su durabilidad y rendimiento.

Un proceso mágico y encantador

Dentro de Arte Helado, cada sabor pasa por un proceso casi de laboratorio. La base de leche, azúcares y estabilizantes exige cálculos precisos antes de entrar a la mantecadora, donde el producto adquiere textura y temperatura. Luego pasa por un periodo de maduración en congelación para intensificar sabor y consistencia. Benson reconoce que el clima influye en el resultado final y que un mismo helado puede comportarse distinto según la humedad o la temperatura del día.

La propuesta de sabores es uno de los sellos distintivos del negocio. Aquí conviven opciones como helado de Bailey’s, ron con pasas, café, frutos rojos y sorbetes sin lactosa, junto a una reinterpretación local del clásico grape nut: una versión con leche de coco creada para responder al gusto colonense sin replicar sabores industriales. También ofrecen helados aptos para diabéticos, elaborados con azúcares especiales que no elevan el índice glicémico.

Entre las creaciones más comentadas está el helado de bon con queso, desarrollado a partir de una colaboración local. La receta requirió varios ajustes técnicos porque su textura resultó más compleja que otros sabores tradicionales. El resultado combina sabor a bon, trozos del producto y queso en una mezcla que ha despertado curiosidad entre clientes habituales y nuevos visitantes.

Apenas cuatro meses después de esta nueva etapa, Arte Helado ya proyecta crecer. Entre los planes inmediatos está el lanzamiento de un nuevo postre helado con marca propia, actualmente en fase de diseño y empaque. La meta, dice su fundadora, es consolidar su negocio en Colón y luego llevar ese estilo artesanal y creativo a nuevos mercados, como por ejemplo una sucursal en Ciudad de Panamá, manteniendo intacta la idea que nació frente a una vitrina: hacer helados diferentes, con identidad propia y con sabores inolvidables.

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