Con hilos de esfuerzo, amor y tradición Gloria Lina Hernández, artesana de fibras naturales, ha tejido una historia que llena de motivación a quienes la conocen. No solo confecciona sombreros, carteras y pulseras; además preserva un legado cultural que ha sobrevivido al tiempo y a las adversidades.
Nacida en El jobo, corrimiento de Piedras Gorda, distrito de la pintada, provincia de Coclé, aprendió a tejer sombreros a los seis años con su abuela y su mamá, cuenta con emoción. A los trece años hizo su primer sombrero, uno completamente blanco, lo vendió en 65 centésimos y desde entonces sus hábiles manos han tejido miles de sombreros. No lleva la cuenta, pero cada pieza es una muestra viva de su dedicación.
El trabajo de esta artesana no comienza cuando se sienta a tejer. Todo la magia inicia en la parcela, donde corta los cogollos de palma. “Sacamos la bellota, cocinamos la fibra, la dejamos reposar en agua, la colgamos, la secamos al sol y al sereno”, explica, detallando un proceso que toma entre 8 y 15 días, dependiendo de la finura del sombrero. Cuantas más vueltas tenga la pieza, más tiempo requiere y mayor es su valor. Los precios oscilan entre 20 y 70 dólares, aunque algunos sombreros finos pueden alcanzar los 100 dólares.
Su especialidad son los sombreros tradicionales: blancos, pintados, con vueltas finamente trabajadas. También confecciona bolsos, vinchas, monederos y pulseras, todo elaborado a mano, sin el uso de maquinaria. “Yo prefiero trabajar con la fibra más gruesa”, señala, por su resistencia y versatilidad.
Lo más valioso que Gloria ha tejido no son los sombreros, sino las generaciones que ha formado. Sus cinco hijas mujeres y dos hijos varones, todos saben tejer. También lo hacen algunos de sus nietos. “He enseñado a muchas personas fuera de mi casa, incluso a extranjeros que vinieron, aprendieron y se llevaron el conocimiento”, afirma con orgullo.
Transmitir el arte no siempre es fácil. “Para algunos es complicado porque no tienen paciencia. Pero si hay interés, se aprende”, dice. Cuando era niña, hubo momentos en que quiso rendirse, pero su abuela la motivó con palabras que hoy guarda con ternura: “No te rindas, esto un día será tu fuente de ingresos”.
Gloria Lina Hernández no solo representa el arte de tejer sombreros, representa el valor de las raíces y la urgencia de mantener viva una tradición. “Hoy es difícil pasar este legado a los jóvenes, la tecnología les roba el interés, pero les digo: aprendan, conserven lo que nuestros antepasados nos dejaron. Esto es cultura, esto es identidad”.
Reconocimiento a sus manos laboriosas
El talento y la constancia de Gloria Lina Hernández no han pasado desapercibidos. Recientemente recibió la Condecoración San José 2025, la más alta distinción que otorga el Estado panameño a un maestro o maestra del arte popular nacional.
Algo que aún le cuesta creer. “Fue una gran sorpresa para mí, nunca imaginé recibir esa medalla y estoy agradecida”, dijo.
La selección fue realizada por un comité interinstitucional conformado por representantes de AMPYME, MICI, MEF, MIDES, MiAmbiente, INADEH, la Comisión Nacional de Folklore del MEDUCA y el propio Ministerio de Cultura.
Luego del proceso de deliberación, destacó por su trayectoria en la confección de sombreros tradicionales panameños y su invaluable labor como transmisora de saberes ancestrales. La entrega oficial de este reconocimiento se realizó durante inauguración de la 45ª Feria Nacional de Artesanías.
En sus manos, cada sombrero es más que una prenda: es una historia contada sin palabras, es un lazo inquebrantable con la tierra, con los abuelos, con las memorias de un pueblo. Su talento le ha permitdio tejer su presente y también su futuro.

